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lunes, 02 de enero de 2006 |
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"Firma invitada" Carlos Sancho , Diario de Burgos (27/12/05) Como todos los años por estas fechas, Amnistía Internacional (AI) pone en marcha una campaña para recordar que son muchas las personas encarceladas por el mero hecho de expresar libremente sus ideas y que, una vez más, no podrán brindar con sus seres queridos por un mundo mejor. El nuevo año que comienza no les traerá lo que más anhelan: libertad y justicia.
La organización ha elegido tres presos de conciencia de los miles que hay en el mundo, y nos pide que les regalemos nuestras palabras de aliento, solidaridad y optimismo que les ayuden a soportar la injusticia que padecen. Además, la llegada masiva de cartas, y esto es muy importante, hace ver a las autoridades que estas personas están siendo apoyadas por mucha gente en todo el mundo. El primer caso es el Yu Changxin, teniente general chino de 76 años, miembro de la ilegalizada organización espiritual Falun Gong, condenado a 17 años de cárcel por “uso de una organización herética para socavar las leyes”. Hamoud Murshid Hassan Ahmad es un yemení de 40 años con un delicado estado de salud. Fue detenido sin orden judicial en 1994 acusado de un asesinato ocurrido doce años antes. Para AI se trata de una detención por motivos políticos, y durante el juicio no se ha tenido en cuenta el hecho de que se encontrara fuera del país cuando ocurrió el asesinato. El tercer caso se refiere a Mario Enrique Mayo Hernández, periodista cubano condenado a 20 años de cárcel tras un juicio injusto celebrado en 2003 en el que se le condenó por “actos contra la independencia o integridad del Estado”. Acaba de ser puesto en libertad pero podría ser encarcelado de nuevo si mejora su estado de salud. Las tarjetas para enviar aliento a estos presos de conciencia han sido este año repartidas por el grupo de Burgos en algunos colegios. También pueden enviarse mensajes a través de Internet entrando en www.es.amnesty.org, o acudiendo al Ciber Zona Cero, en C/ Concepción 18, que colabora en esta campaña. Regalar unas palabras no cuesta apenas nada, y, en cambio tienen un valor incalculable para quien las recibe. |
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Modificado el ( lunes, 02 de enero de 2006 )
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