"Firma invitada" Carlos Sancho Diario de Burgos (02/08/07)
Más de dos millones de iraquíes
han tenido que abandonar su país huyendo de la violencia generalizada, otros
tantos se han convertido en desplazados internos y varios millones más no
tienen lo necesario para vivir, mientras la situación empeora cada día. Dos
millones, cuatro, ocho, qué más da. Cincuenta muertos diarios, cien, mil…
Son sólo cifras, simples números que aparecen a diario en los medios de
comunicación ante la indiferencia general; números tras los que se esconden gentes
sencillas, hombres, mujeres y niños que lo abandonan todo, su familia, sus
trabajos y pertenencias, sus hogares, buscando salvar lo que más les importa,
sus vidas. Marchan hacia Siria o Jordania, sin saber lo que van a encontrar en
estos países vecinos que, pese a sus esfuerzos, se hallan impotentes ante la
marea humana que les llega cada mes. Son pocos los refugiados que reciben ayuda
humanitaria, y algunos, según los informes de Amnistía Internacional (AI) que
ha visitado la zona, llegan a prostituir a sus propias hijas para subsistir.
Es necesario, como ha pedido AI,
que se lleve a cabo una acción internacional coordinada y urgente que atienda a
estas personas como es debido, proporcionándoles no sólo lo necesario para
sobrevivir, sino adecuados programas de reasentamiento, sobre todo a los más
necesitados. Hay que recordar que la crisis no la han originado los refugiados,
ni Siria o Jordania, y que no son estos países los que deben soportar el peso
de la ayuda humanitaria. ¿Qué están haciendo mientras tanto los países
responsables de la invasión de Iraq? ¿Dónde han quedado todas sus promesas?
Detrás de cada gobernante
satisfecho del rico mundo occidental, que por acción u omisión ha contribuido a
la catástrofe, debería haber alguien recordándole con insistencia, que las
personas de las que hablamos, refugiados, torturados, hambrientos, enfermos,
humillados, muertos… gentes que ven sus sueños truncados por una espiral
de violencia que no han buscado ni merecen, son mucho más que números, son
seres humanos con la misma dignidad, si no más, que él mismo. Tal vez así las
cosas serían diferentes.
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