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domingo, 13 de mayo de 2007
child_headscarf.jpg"Firma Invitada" Carlos Sancho        Diario de Burgos (07/05/07)

Invisibles, la película de Médicos Sin Fronteras, describe de forma magistral como las grandes empresas farmacéuticas, atentas únicamente al beneficio económico, se desentienden de graves enfermedades porque no consideran rentable su investigación. Da igual a cuanta gente maten, da igual el sufrimiento que generen, lo que importa es la cuenta de resultados.


No somos una ONG, afirman, las empresas se mueven en función del lucro y los dividendos de los accionistas. Así son las cosas. Los culpables, dicen sus directivos, son los gobiernos, y a ellos hay que exigir responsabilidades.
Con esto justifican que no haya medicinas adecuadas para combatir la enfermedad del sueño, una enfermedad de negros pobres en lugares perdidos del  África profunda. Existe un medicamento con cincuenta años de antigüedad, que ahora ha vuelto a producirse porque se utiliza como cosmético en la depilación. Un medicamento con graves efectos secundarios y muy complicado de suministrar en las regiones centroafricanas donde la enfermedad del sueño sigue siendo  endémica.
En Bolivia,  el chagas, enfermedad infecciosa que se transmite a través de la picadura de una chinche que habita en el adobe de las chabolas sigue matando a miles de personas, a menudo niños de las familias más pobres. En la actualidad, ningún laboratorio del mundo se molesta en investigar esta enfermedad, mientras una larga lista de 1.800 medicamentos para adelgazar esperan el visto bueno de las autoridades sanitarias.
Las víctimas son pobres, están lejos y no son visibles. Las televisiones de los países ricos apenas les dedican unos minutos de los informativos al año; no interesan, no dan dinero, no son rentables. Los devaneos amorosos de cualquier famoso merecen más minutos de televisión.
Dicen los protagonistas de estas historias: “Rezo para que la gente se entere de lo que está pasando... porque sé que algo se puede hacer”. Lo primero, enterarnos de lo que ocurre, y que empresas farmacéuticas y gobiernos sepan que están en el punto de mira de los ciudadanos. Que no nos hemos acostumbrado a la injusticia.
www.es.amnesty.org.

Modificado el ( domingo, 13 de mayo de 2007 )
 
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