Carlos Sancho "Firma invitada", Diario de Burgos (14/10/05)
Nos llega la noticia, a través de un informe de
Amnistía Internacional y Human Rights Watch de que en Estados Unidos
hay al menos 2.225 personas cumpliendo cadena perpetua sin
derecho a obtener libertad provisional por delitos que cometieron
cuando eran menores de edad. El 16 por ciento tenían entre 13 y
15 años cuando cometieron el delito por el que pagarán el resto de sus
vidas y el 59 por ciento era la primera vez que concurrían ante un
tribunal penal.
El informe dice que aunque se está reduciendo el número
de menores que cometen delitos graves, sin embargo los jueces cada vez
imponen más la cadena perpetua, a menudo porque no les queda otra
opción, como es el caso de 26 estados en los que este castigo es
obligatorio para toda persona culpable de homicidio premeditado, al
margen de su edad. El concepto “homicidio premeditado sirve, por
ejemplo, para que Peter, un muchacho de 15 años, pase el resto de su
vida en la cárcel por participar en un robo, en el que uno de sus
acompañantes asesinó a dos personas. Él no disparó ni mató a nadie,
pero no podrá abandonar la prisión mientras viva.
El informe muestra también que estos castigos no disminuyen la
delincuencia juvenil. Así, en Georgia, donde raras veces se imponen
estas penas, los índices de delitos cometidos por jóvenes son
inferiores a los de Misuri, donde se impone la pena a menores con mucha
más frecuencia. Además, el índice de menores negros o hispanos
condenados a cadena perpetua es diez veces mayor que el de blancos
Conviene recordar que la Convención sobre los Derechos del Niño,
ratificada por todos los países del mundo, excepto Estados Unidos y
Somalia, prohíbe esta práctica, y que aunque 13 países tienen leyes que
permiten su imposición a menores, fuera de Estados Unidos sólo se sabe
de 12 menores que cumplen cadena perpetua sin posibilidad de obtener
libertad condicional.
Como ha señalado la investigadora Alison Parker, “las personas menores
que cometen delitos graves no deben quedar sin castigo, pero si son
demasiado jóvenes para votar o para comprar tabaco, también lo son para
pasar el resto de su vida entre rejas”. Una sociedad moralmente
sana no puede permitir la brutalidad de estos castigos.
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